Esta canción es un homenaje a Colán, un histórico balneario del norte peruano en la provincia de Paita, Piura. La letra transporta al oyente a sus extensas playas de arena fina y su mar de aguas cálidas que al atardecer se tiñen de un mágico color verde esmeralda.
La canción retrata la vida cotidiana de sus habitantes: los pescadores artesanales que salen en sus botes y canoas, las gaviotas y tijeretas que revolotean esperando los restos de pescado, y los pelícanos que vuelan en formación sobre el océano Pacífico. También menciona lugares emblemáticos como La Bocana, donde el río Chira se encuentra con el mar, y la gran cruz ubicada en el mirador desde donde se contempla toda la bahía.
Las tradicionales casonas de madera construidas sobre pilotes, las palmeras que adornan el paisaje y los tamalitos verdes (plato típico de la zona) son parte esencial de esta historia. La canción evoca el famoso dicho «Luna de Paita y Sol de Colán», acuñado por el mercader italiano Francesco Carletti alrededor de 1595, que resume la belleza única de este rincón del Perú: el radiante sol que baña sus playas y la imponente luna que ilumina el puerto vecino.
Con un estilo que fusiona cumbia norteña y ritmos costeños, la canción transmite alegría, nostalgia y el amor por la tierra, invitando a bailar y a soñar con los atardeceres más bellos del norte peruano.

























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